Sentir el mundo caer sobre tus hombros. Pensar: ¿cómo mierdas voy a sonreír ahora? Llegar a la conclusión de que has caído demasiado hondo como para poder salir del pozo. Sola. Sin nadie a tu lado, sin protestar, sin dejar notar tu debilidad. No ser capaz de reconocer la derrota, ni de escuchar con rabia el conocido "te lo dije".
En vez de eso prefieres callarte, no darle importancia a tu dolor porque crees que, en cierto sentido, te lo has buscado. Has jugado con fuego y, pobre tonta, te has quemado.
Pero sabes que el tiempo siempre hace de las suyas, que la vida no se para porque tú te encierres en ti misma y no seas consciente de su ritmo. Sabes que en algún momento te sentiste bonita e inteligente y que volverás a hacerlo, volverás a quererte. Esperas que algún día puedas recordar sin pinchazos en el pecho y lágrimas en los ojos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario