Es curioso cómo el dolor inspira a las personas para crear cosas maravillosas.
Escuchas a la lluvia molestar a tu paraguas y tus pies andan hacia algún lugar menos gris, porque a nadie le gusta el color del asfalto y ellos no van a ser menos. Y tú silbas, porque esa canción que no consigues dejar de escuchar en tu cabeza es mucho mejor que el sonido de los coches y de la gente que habla sin decir nada. Todos te miran, o eso es lo que te parece. Será por las lágrimas que bajan desde tus ojos hasta tu barbilla y que después caen para reunirse con el resto de gotas del suelo que, aunque no vengan de tus ojos, vienen del cielo y tampoco hay tanta diferencia.
Que te miren, ellos no saben lo bien que te lo pasas silbando
ni que lloras porque has descubierto, al fin,
que nadie podrá quererte tanto
como te quieres
tú.