Lady.

I know she's a super lady.

domingo, 23 de enero de 2011

Y son tantos los miedos, y tantos los valientes...

La monotonía es agotadora. Solo pensar que estoy diciendo esto con mis quince cortos años me produce escalofríos. 
¿Qué será de mí cuando tenga cincuenta? Pensar que a medida que vaya creciendo perderé muchas de las cosas que hacen que esa monotonía se haga soportable. Tener que levantarme todas las mañanas a las seis y veinte de la mañana para ir al colegio es siempre igual, aburrido. Pero ahora que tengo quince años, cada mañana al llegar al colegio a las siete y veinte le veo a él, y eso es lo que hace que la monotonía no se vuelva tan pesada. Eso es lo que equilibra la balanza. Esas pequeñas cosas. 
Pero ¿qué será de mí cuando ya no tenga esas pequeñas cosas? Cuando me tenga que levantar a las siete de la mañana para ir al trabajo pero nadie me esté esperando en un banco para darme un beso de buenos días. Ahora que tengo quince años salgo del colegio tras seis eternas horas de clase, profesor por profesor, asignatura por asignatura, atendiendo y atendiendo, tomando apuntes y más apuntes, está él o están mis mejores amigas para disfrutar de veinte minutos de su compañía, como recompensa por la dura y más bien aburrida jornada. ¿Qué será de mí cuando ellos ya no estén para disfrutar conmigo? Cuando salga de trabajar y me dirija a mi casa, sola, como cada día, esperando algo nuevo que puede que nunca llegue.

domingo, 16 de enero de 2011

Instrucciones para bajar por un tobogán.

Lo primero que ha de hacer usted para poder bajar por un tobogán es subir a la tarima en la que se encuentra el principio de este. A esta puede llegar por medio de unas escalerillas de barras metálicas o de madera, por lo general, que deberá subir con ayuda de brazos y piernas, poniendo un pie en la primera barra, otro en la segunda y las dos manos una barra por encima de donde se encuentre la cabeza. Una vez hecho esto sólo tendrá que subir manos y pies, uno por uno a la siguiente barra hasta llegar a la tarima en la que se encontrará el principio del tobogán. En caso de que esto requiera demasiado esfuerzo, puede utilizar el mismo tobogán para subir por él. Así se asegurará usted de que llegará al principio del tobogán, aunque no es el método aconsejable, puesto que usted podría chocar contra cualquier ser, vivo o no, que baje por este.
Una vez en la tarima colóquese delante del tobogán, mirando hacia la parte de abajo de este. Siéntese con la espalda recta y las piernas estiradas en el extremo del tobogán en el que se encuentra, donde podrá ver una pequeña pero suficiente superficie plana para sentarse.
Ya sentado desplácese suavemente con ayuda de las manos anteriormente utilizadas para subir las escalerillas metálicas o de madera, hasta llegar a la parte del tobogán en la que la superficie paralela al suelo ceda hacia abajo.
Una vez pasada esta fase usted se deslizará sin ningún tipo de ayuda necesaria hacia el otro extremo del tobogán. Entretanto puede subir los brazos y gritar, o no, "¡yuju!" como muestra de diversión, o simplemente dejar las manos sobre las piernas hasta llegar al final.
Tras finalizar el trayecto pliegue las piernas para posar los pies sobre el suelo y vuelva a estirarlas para ponerse de pie y poder dirigirse nuevamente a las escalerillas metálicas o de madera y repetir el proceso.

martes, 4 de enero de 2011

Pesadilla.

<<"Todas las noches, a partir de las cinco de la madrugada, el Demonio en persona se pasea por las casas, para ver quién duerme y quién no, quién intenta engañarle o burlarse de él."

Eran las cinco de la madrugada, era invierno y hacía frío. Estaba en mi escritorio buscando información de cuentos y leyendas. Oí un ruido a mi espalda. Me giré y pude observar una silueta que traspasaba la puerta de mi dormitorio. Era alto, muy alto. Delgado como el palo de un chupa-chups, me atrevería a decir que estaba hecho de huesos. Su rostro, puede que algo más alargado, se asemejaba tenebrosamente al de "El bufón Calabacillas". Su piel grisácea y seca le daba un aspecto lúgrube, al igual que su cabello grasiento del color del carbón. Era él, el Demonio en persona, que había venido a castigarme por estar despierta a esas horas de la mañana.
Sin mediar palabra se dirigió hacia mí, me rozó la mejilla con su esquelética mano y acto seguido agarró mi corto cabello rubio, levantándome por los aires y estampándome brutalmente contra la pared. Noté cómo mi hombro se salía de su sitio mientras no podía evitar dar un grito de agonía. ¿Qué le había hecho para que me castigase así? ¿Qué tenía de malo estar despierta a las cinco de la madrugada? Eso nunca lo sabría. 
Pero a pesar de no tener ningún sentido aparente, él siguió golpeándome contra muebles, tirándome del pelo y pisoteando mi dignidad. Era mucho más fuerte de lo que parecía con ese cuerpo esmirriado. Tras terminar con la paliza, habiéndome dejado los labios hinchados y la mitad de los huesos rotos, cuando ya no podía moverme, el Demonio me desnudó. Me lamió la cara mientras se reía de mi desgracia y me violó hasta tres veces. Cuando ya eran las siete de la mañana, no sé si porque se hacía tarde o porque se aburrió de jugar conmigo, se marchó, dejándome sola por fin.>>
Entonces desperté, sudando y buscando el aire que me faltaba. Encendí la luz y miré la hora, no se me ocurrió otra cosa que mirar la hora. Eran las cinco de la madrugada.