Despierta. Abre los ojos. Vas a llegar tarde. ¿Importa eso realmente?
Oigo una voz que me llama suavemente, y oigo una sonrisa. Sí, puedo oir cómo sonríe, porque conozco perfectamente el sonido de su voz cuando sonríe. Así que abro los ojos, únicamente para ver su sonrisa, para ver sus ojillos al sonreir. Me gusta tanto que no me queda otra que sonreir yo también y decir: "buenos días", aunque realmente no me espere un buen día, porque he tenido la suerte de que él ya lo ha mejorado.
Me levanto de la cama y me estiro lentamente. Es todo tan blanco y tan luminoso. Siempre me han gustado los sitios luminosos, hacen sonreír más a la gente. O al menos eso me parece a mí.
Ahora a la ducha. Odio la sensación de suciedad que invade mi cuerpo cuando no me ducho por las mañanas, y me encanta salir de la ducha fresquita y limpia, con el pelo suave que huele a champú de frutas. Y como me huele bien el pelo, vuelvo a sonreir. Sí, ¿por qué no iba a sonreír? Me huele bien el pelo, y mi habitación es luminosa, y me ha despertado mi chico favorito con una buena sonrisa mañanera.
Quizás la felicidad sea tan simple como eso. Como pequeñas sonrisas a lo largo del día.