
En una isla de Dinamarca, una vez al año, los jóvenes de por allí se dedican a matar a unos inteligentes y sociales delfines (delfines calderones) que se acercan al puerto con el único fin de interactuar con el ser humano. ¿Que por qué sucede esto? Porque parece ser que para pasar a ser un hombre adulto, maduro, hecho y derecho, han de cumplir ese "pequeño" requisito. Cierto, es una tradición que no se puede eliminar así como así, puesto que al igual que yo, esos jóvenes están en su derecho a opinar sobre lo que está bien y lo que esta mal. Pero lo que no puedo entender es el derecho a robarle la vida a un animal. ¿Por qué? No tiene sentido alguno. Lo único que demuestra tal atrocidad es la falta de sensibilidad del ser humano y que a lo largo de los siglos hemos evolucionado física y tecnológicamente pero, por lo visto, nada mentalmente. Nombro a Dinamarca con los delfines como puedo nombrar a España con los toros. Puede que esta tradición sea incluso peor, ya que estos "artistas" llamados toreros se dedican a matar animales y a hacerlos sufrir como puro entretenimiento.

Yo a eso, señores, le llamo crueldad, y no tradición. ¿Con qué fin? No tiene ningún sentido. Siempre dicen los antitaurinos: Ponte en el lugar del toro. A la gente que le gusta hacer sufrir al toro de tal forma se la repanpinfla lo que le pase al toro, es incapaz de ponerse en su lugar, ellos no son el toro. Es un animal que contribuye a un hermoso deporte entregando su vida por él. Muy bonito, precioso, sí señor. Me parece a mí que va siendo hora de que el ser humano avance un poco, que madure, que deje a un lado su faceta primitiva y se vuelva tan civilizado como finge ser fuera de la plaza de toros, o fuera de la matanza de delfines. Pero estas son sólo dos de las tantas salvajadas que comete el hombre (y la mujer, obviamente) contra la vida de otros seres sin ninguna razón lo suficientemente razonable.
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