Todo el mundo habla de que el
tiempo lo cura todo, y cierto es que cuanto más tiempo pasa menos veces lloras, mejor se sobrelleva el golpe.
Pero qué gran mentira. El dolor del alma no se cura, puede taparse o esconderse, pero el
dolor no desaparece. Los pinchazos en el pecho cuando ves a esa persona, o la
sensación de vacío aplastante cuando no la vuelves a ver, de una forma u otra
siempre están ahí. Siempre he sido fiel defensora del “es mejor haber amado y
haber perdido que no haber amado nunca”, pero entiendo perfectamente a aquellos
que no se atreven a amar. Es de valientes.