Cuando era pequeña lo que más me gustaba era ver los dibujos y jugar a que era veterinaria con mis peluches y con mi primita. Me gustaba comprarme chicles que te dejaban la lengua azul o verde e ir a los columpios siempre que íbamos al parque. Me gustaba mucho columpiarme. Quería ser "pinturera". También me gustaba ir a la sección de juguetes de El Corte Inglés y decir con cada cosa que me gustase "¡Me lo pido!", aunque supiese que no iba a servir de nada.
Ahora ya no veo los dibujos, ahora tengo estudiar. Ya no juego a ser veterinaria con mi prima, salimos por ahí y cotorreamos todo el día, siempre riéndonos. Ahora no compro chicles que me cambien la lengua de color, pero me gustan los chicles de sabores raros. Sigo adorando columpiarme, intentando llegar a lo más alto. Ahora quiero ser psicóloga, y aún sigo queriendo gritar "¡Me lo pido!" cuando veo algo que me gusta en alguna tienda, aunque ya no lo haga. Ya no lo hago porque sé que no servirá de nada. Puede que no haya cambiado tanto como creía. Pero he crecido y he madurado. Así que he cambiado, a fin de cuentas. Qué cosa tan rara, esto de cumplir años.


